Fotógrafos japoneses exponen su visión del mundo moderno


Si uno acepta que el arte contemporáneo debe “reflejar el presente y ofrecer una premonición del futuro”, entonces los artistas de hoy deben aspirar a una expresión que demuestre su reconocimiento de un hecho: “todo mundo está parado de manera diferente respecto de la diversidad de los ‘otros’, mientras escuchan lo que tienen que decir”, afirma Michiko Kasahara, curadora de Más allá de lo ordinario/extraordinario: fotografía japonesa contemporánea, que expone el trabajo de 11 artistas en el Centro de la Imagen, Plaza de la Ciudadela 2, Centro, hasta el 25 de febrero.

“A fin de aceptar este mundo de complejo desarrollo y voltear su atención hacia las voces diversas de los ‘otros’, los artistas primero echan una mirada fresca a su entorno. Cuestionan las cosas que siempre han aceptado como ‘obvias’, como el mismo entorno, la sociedad de la cual forman parte, la historia que los ha hecho lo que son o el mundo en que viven, en aras de validar y reconstruirlas, una por una”, añade.

De allí que el trabajo de Miyako Ishiuchi presente el retrato de una mujer independiente, que bien podría ser pionera en la cultura japonesa actual. La serie De las madres contiene fotos con los objetos que la suya dejó a su partida como fondo: un viejo tubo de lápiz labial o su mismo cuerpo desgastado.

En contraste, La luna que yace en el pozo, de Yo Mi Chin, ilustra las vidas de tres generaciones de mujeres, como se indica en el subtítulo de la serie: Coreanas en Japón, mamá, yo, hija. Hiroko Okada ofrece una imagen de los “posfamilia”. Combina video, fotografía y objetos tridimensionales para producir El proyecto de un hombre dando a luz, y hace un duro comentario sobre la tecnología médica reproductiva, la ideología de la familia moderna y las políticas anticuadas para revertir el descenso en los índices de natalidad.

La obra de Tomoko Sawada representa el proceso de individualización de una mujer de 26 años. Para una de sus series asumió el papel de 30 diferentes jóvenes y se retrató en un estudio profesional a la manera de imágenes omai, que se toman antes de un matrimonio “arreglado” para enviar al presunto novio. En otra serie, Tomoko se vistió de acuerdo a la moda acogida por adolescentes en las urbes, con la cara bronceada, maquillaje claro y el cabello descolorado.

El trabajo de Ryudai Takano tiene que ver con las orientaciones sexuales. Su serie En mi cuarto consta de dos secciones: una muestra el torso de un hombre y la otra el cuerpo de la cintura para abajo. Esas grandes imágenes se exponen indistintamente y resulta imposible adivinar qué parte pertenece a quien.

Como conclusión, la curadora señala que los nubarrones que envuelven a Japón y al mundo de hoy son simbolizados en el trabajo de Yoneda Tomoko. Tres fotos tomadas en 2003, en Fairford, Reino Unido, muestran un pequeño avión B-52 al regresar del bombardeo en Irak.

La obra, dice Kasahara, reitera que “fuimos incapaces de detener esta guerra sin causa y ahora tenemos que atestiguar sus estragos de lo que sólo puede describirse como catástrofe hecha por el hombre”.

Vía La Jornada